Medicación como tratamiento de la agorafobia

Hay una variedad de tratamientos disponibles para la agorafobia, incluyendo tipos específicos de psicoterapia, así como varios medicamentos que pueden usarse para ayudar a incrementar la efectividad de la psicoterapia. No obstante, debes saber que la medicación no cura la agorafobia. Esta es sólo una ayuda a la terapia psicológica, que es la principal responsable de la curación del paciente. Se ha descubierto que una forma específica de psicoterapia que se centra en la disminución negativa, la ansiedad provocadora u otros pensamientos y comportamientos autodestructivos (llamada terapia cognitivo-conductual) es altamente efectiva en el tratamiento de la agorafobia. Pero en este artículo nos  centraremos concretamente en la medicación.

No obstante, debes saber que la medicación no cura la agorafobia puesto que no elimina las causas de la misma. Es algo que elimina los síntomas, o al menos los reduce, pero cuando la medicación deja de tener efecto, el paciente vuelve al mismo punto inicial, con lo que tiene que volver a tomar las pastillas. No es una buena idea depender toda la vida de la medicación, aunque en algunos casos no queda más remedio.

 

De hecho, los pacientes responden igual de bien cuando son tratados con Terapia Cognitiva Conductual Grupal o que cuando son tratados con Terapia Cognitiva tradicional. Lo ideal es combinar los tratamientos con medicación con los tratamientos psicológicos, y contar con el apoyo de un psiquiatra y de un médico como algo complementario al trabajo psicológico.

Se ha encontrado que la psicoterapia es también efectiva para muchas personas cuando la reciben por medios digitales como el Internet, lo cual es una noticia optimista para las personas que viven en áreas que están a cientos de millas del profesional de salud mental.  Otra forma de terapia psicológica que ha sido efectiva en el manejo de la agorafobia es la autoexposición.

A medida que las sesiones de psicoterapia se incrementan, el terapeuta estimulará de forma progresiva las situaciones que provoquen en el paciente un aumento en los niveles de ansiedad agorafóbica; y utilizará técnicas de manejo de la ansiedad en cada situación con el fin de controlar la ansiedad del paciente. Hay cada vez más evidencia de que la psicología cognitivo-conductual y dentro de esta, la terapia de exposición también puede llevar a un paciente a la curación.

 

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En cuanto a la terapia médica, la agorafobia se trata generalmente en relación con el trastorno de pánico. En general, los grupos de fármacos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y de tranquilizantes menores (benzodiazepinas) se utilizan en el tratamiento. No obstante, la medicación debe ser prescrita siempre por un médico, preferiblemente por un psiquiatra; nunca debes automedicarte ni cambiar por tu cuenta el tratamiento farmacológico.

Ejemplos de medicamentos ISRS incluyen sertralina (Zoloft), paroxetina (Paxil) y fluoxetina (Prozac).
Los efectos secundarios pueden ocurrir en los medicamentos ISRS que varían mucho de una persona a otra y dependen del medicamento que se use. Los efectos más comunes incluyen resequedad en la boca, náuseas, temblores, trastornos del sueño, visión nublada, estreñimiento o fiebres leves y mareos. En casos muy raros algunos pacientes suelen sentirse más ansiosos o deprimidos, incluso se completaba el suicidio o el asesinato. Los niños y adolescentes son particularmente vulnerables a este extraño efecto secundario.

 

A veces, las fobias también se tratan con betabloqueadores, que bloquean los efectos de la adrenalina en el cuerpo. Un ejemplo de un medicamento beta-bloqueador propranolol. Los trastornos de pánico y las fobias se tratan con menos frecuencia con medicamentos en una clase de fármacos conocidos como benzodiazepinas.

Esta clase de medicamento causa relajación, pero a menudo se usa con menos frecuencia en la actualidad para tratar la ansiedad, debido a la posibilidad de adicción: mayor necesidad de dosis elevadas que pueden conducir a una sobredosis. El riesgo de sobredosis se agrava especialmente cuando el alcohol también se toma cuando se consumen dichos medicamentos. Ejemplos de medicamentos en este grupo incluyen diazepam (Valium), alprazolam (Xanax), lorazepam (Ativan) y clonazepam (Klonopin).

 

Debido a que a veces la medicación conlleva el riesgo de posibles efectos secundarios, es importante que el paciente colabore estrechamente con su médico para decidir si el medicamento es apropiado y, de ser así, cuál es el mejor medicamento para su trastorno mental.
Sin embargo, el médico tratante le asesorará y guiará desde el principio hasta el final de su tratamiento. Gracias a esto, la posibilidad de efectos colaterales, que pueden variar de leves a graves y, en raras ocasiones, incluso pueden amenazar la vida del paciente, se reduce notablemente.

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